El recorte en la cobertura de remedios, la falta de vacunas antigripales y una espera de más de dos años para acceder a una silla de ruedas. Más de cuatro meses viviendo en la cama de un hospital a la espera del traslado a un geriátrico. Imposibilidad de realizarse un tratamiento odontológico, tener una consulta con un oftalmólogo o una sesión con un psicólogo, tres especialidades que fueron tercerizadas a proveedores privados. Pacientes despidiéndose forzosamente de su médico de cabecera con décadas de vínculo, ya que los profesionales renuncian frente a una ecuación económica imposible y honorarios de $2100 por consulta. Todas estas situaciones se transformaron en la cotidianidad para los afiliados de Pami Rosario.














